lunes, 28 de mayo de 2007

rutina II

cuando creces el tiempo pasa cada vez más rápido, y los planes y los sueños se ven pronto alcanzados por la realidad que los ve realizados algunas veces, y otras muchas simplemente quedarse en el pasado hasta perderse. ahora me siento cansado y quiero ir a casa a no hacer otra cosa que descansar porque mañana es otra jornada, con nuevos problemas que resolver, intentar resolver o sólo darles la vuelta, pero será sólo otro día para cansarse e ir a casa a descansar.

a veces la vida nos parece tan fácil, a veces la vida nos es tan difícil.

nos gusta reír, nos gusta cantar y hablar de cosas triviales, y nos gusta la moda, las noticias de última hora, aparatos eléctricos y los capítulos viejos de programas de antaño, nos gusta leer cualquier tipo de propaganda en paredes y comprar artículos de promoción, escuchar canciones alegres todo el día, ver las noticias de los famosos por la tarde y los programas de realidad por las noches, y nos quedamos dormidos viendo los infomerciales y despertamos con ellos aconsejando utensilios inútiles para la vida moderna, nos gusta comer productos modernos y calentarlos con nuestra microtecnología, nos gusta leer entrevistas de lo que sea, reportajes sobre nada que olvidamos en 2 días porque nos gusta perder el tiempo y ver cómo pasa la vida, nos gusta llegar cansados sólo a dormir en la noche para no tener problemas con la conciencia que nos provoquen insomnio, nos gusta creer que vamos todo el tiempo hacía adelante y que el mundo vaya para donde nuestra nariz lo indica o a menos así creerlo, nos gusta tomar cerveza, fumar tabaco y pastillas para dormir porque nos gusta pensar que nadie nos dice lo que debemos hacer, nos gusta conducir los autos a alta velocidad mientras estamos furiosos, liberar nuestras tensiones a pesar de poner nuestras vidas en peligro, de las vidas de los otros no nos gusta acordarnos.

nos gusta que a veces la vida parezca tan fácil, no nos gusta que otras muchas veces la vida sea tan difícil.

lunes, 21 de mayo de 2007

...

un día, sin haberlo planeado, sin haber seguido ningún camino llegaste a este momento, al que de alguna forma sabías estabas predestinado a llegar, recuerdo que hubo un tiempo en que te preguntabas por el sentido de la vida, decías ¿qué hago?¿qué es esta vida?¿a dónde voy?¿a dónde va todo el mundo? pero ya no más, te llegó el día que tarde o temprano nos llegará a todos, el día que sin darte cuenta tu alma ha sido asesinada, envenenada, y tus sueños y promesas y cuestiones y verdades han muerto también, no por falta de alimento, sino porque poco a poco fueron siendo envenenadas, poco a poco y gradualmente esa dosis aumentaba y tu amor e ilusiones enfermaron sutilmente, tan, pero tan lentamente que ni tus cercanos lo notaron.

ahora queda poco de ti. lo suficiente para vivir, si, pero lo esencial se ha ido, está lejos, está muerto, sólo quedan tus demonios tus mentiras a ser cobradas, tus rencores y tus miedos al fracaso y a la vida y a la muerte y al mañana y al pasado. te quedas con tus rutinas, con recuerdos que recuerdan que tus sueños fueron rotos, qué promesas no cumpliste y qué otras tantas olvidaste, y sientes a partir de hoy que esos días tan lejanos que les llamabas mañana se te vienen correteando como perros en jauría, que te alcanzan y te muerden uno tras otro sin que puedas evitarlo. así es, así será por el resto de tus días y tu alma yace muerta pero no se encuentra sola, una gran parte de ti está allá con ella en aquel lugar lejano de tu ilusa adolescencia...

escrito original julio 25 de 2005

lunes, 14 de mayo de 2007

hombre instante

un hombre camina a mi lado por una de tantas avenidas principales, yo, enmimismado en pensamientos repetidos no me doy cuenta desde cuándo está ahí, imitando mis pasos uno tras otro a un metro de distancia a mi izquierda, es la noche, nublado, frio, la avenida nunca acaba, muchos autos, mucha prisa y las calles están solas, ojalá viniera solo y pudiera pensar hablando, en voz alta, a veces para ver las cosas hace falta decirlas en voz alta, o por lo menos escuchar tu propia voz en tu cabeza diciéndote ciertas palabras, palabras que están ahí y no te dejas saber.

al tipo parece no importarle caminar a mi lado, no parezco irrumpir sus pensamientos, jamás le he visto pero pareciera ser mi amigo desde los autos que viajan a velocidad constante un poco más a la izquierda. Incómodo de su presencia lo veo de reojo, el mira hacia el frente, busco un pretexto cualquiera y alento el paso, enciendo un cigarro mientras detengo mi andar.

camino, fumo, pienso, por fin, solo, conmigo ¿en qué me quedé? cuando estoy lo suficientemente lejos empiezo a hablar en voz baja y me pregunto: "en algún momento, en algún salón de clases o cualquier bodega pestilente y sudorosa donde he estado ¿aquél hombre pudo haber sido alguien en mi vida? ¿un mejor amigo? ¿un peor enemigo? o ¿tal vez un maestro?" lo cierto es que ahora no me importa, ahora yo me digo saber quién soy y en quién puedo confiar, quienes son mis amigos y que enemigos no tengo, quienes son mis maestros y aquél hombre no me importa.

el tipo alenta el paso, después de mis pensamientos camino seguro, levanto la cara mirando hacia el frente y alcanzo su paso, ahora está a mi derecha e imito sus pasos, se ve distraido, un poco nervioso, se detiene de pronto y yo no volteo, sigo mi curso, comienzo a sentir su ausencia y algo anda mal, me alarma, tengo que voltear disimuladamente, lo hago, el hombre entra en una casa y cierra la puerta ¿su casa? a quién le importa, sigo mi camino y me digo: "he perdido a ese hombre para siempre"

lunes, 7 de mayo de 2007

Miedo

como siempre en el metro me encuentro este día, alta velocidad la que llevamos, noche caliente, la gente trastornada y la costumbre de sentir miedo por lo que es la ciudad, por lo que los noticieros dicen, por lo que te han contado, por lo que has visto, por tanta violencia a la que cada vez nos acostumbramos más, un poco más. un día me veré matando a alguien a sangre fría sin sentir nada, creo que cuando te acostumbras a algo tanto dejas de ver lo bueno o lo malo que en ello había, y, tanto estamos acostumbrados a ver muerte, miseria, odio y sufrimiento que ya no nos hiere, ya no nos duele.

quién me dice que no encontraré hoy mi muerte a manos de un asesino insensible o varios de ellos, que por una nadería sienta la necesidad o el temor o el valor o el rencor de golpearme, matarme y que no sienta nada al hacerlo con tanta violencia a la que está acostumbrado. no sé si moriré viejo, pero a veces como hoy siento tanto miedo y me siento tan solo que cualquier otra gente pudiera matarme.

como siempre voy tarde y es mi hora habitual de escribir unas cosas...